Vivienda

10 años de crisis

10 años de crisis en el sector de la vivienda en España

Hace unos días se ha cumplido el décimo aniversarios desde que Lehman Brother declara su quiebra, el 15 de septiembre de 2008. En 2007 se vió gravemente afectada por la crisis financiera provocada por créditos subprime. Acumuló enormes pérdidas por títulos respaldados por las hipotecas a lo largo de 2008.

El 13 de Septiembre de 2008 ,Timothy F.Geithner, el presidente del Banco de la Reserva Federal de Nueva York, convocó una reunión sobre el futuro de Lehman en la que se incluía la posibilidad de liquidación de sus activos para sanear la empresa. Finalmente el 15 de septiembre de 2008, dos días después ,Lehman Brothers anunció la presentación de su quiebra en el Juzgado al haber renunciado a la operación sus posibles compradores.

Unos meses antes del colapso de Lehman, el diario The Economist aventuraba para España un crecimiento sólido, el Gobierno decía que estábamos en la ‘Champions League’ de las economías mundiales, y los bancos seguían prestando dinero al sector privado.

Pero las turbulencias financieras desataron una crisis en cascada: las empresas no podían refinanciarse, despedían trabajadores y los comercios no vendían. La rueda infernal continuó con los impagos de cientos de miles de ciudadanos y empresas que no podían afrontar sus deudas. Y lo que nadie esperaba es que se podrían derrumbar instituciones y creencias que parecían fuertes como rocas.

La crisis mundial rompió la velocidad de crucero que mantenía la economía española. Pasamos de crecer más de un 2% al año a vivir una fuerte recesión que puso sobre la mesa la necesidad de encontrar nuevos pilares de crecimiento. El PIB es uno de los mejores termómetros para medir el estado de salud de un país, y en el caso de España muestra que hemos avanzado a una velocidad de crucero. Sin embargo, y como alertaban las previsiones, se avecina una desaceleración, lo que significa que el crecimiento será más modesto a partir de ahora.

El ciclo alcista llegó a su fin en todo el mundo y en España los primeros signos de agotamiento económico empezaron a verse en los últimos tres meses de 2008, cuando el PIB cayó un 1,3% en tasa anual. Medio año más tarde, la economía entró oficialmente en recesión. La actividad acumulaba superaba ya dos trimestres de descensos y se preparaba para un momento complicado: en primavera de 2009, justo después de que las bolsas mundiales marcaran los mínimos de la crisis, el PIB llegó a desplomarse más de un 4% en tasa anual.

El momento mas crítico

Poco después llegaron lo que el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero denominó ‘brotes verdes’. Durante tres trimestres, la economía logró crecer mínimamente, aunque se avecinaban unos años muy complicados: el PIB volvió a entrar en recesión, con una actividad que no dejó de caer desde principios de 2011 hasta finales de 2013. Fue en 2014 cuando realmente arrancó la recuperación económica.

Desde el año 2015, la economía española crece a ritmos anuales que superan el 3%. Se trata de una de las mejores tasas de los países de la OCDE y un motivo de respaldo a nuestro país por parte de los grandes organismos nacionales e internacionales. Según los datos del INE, desde el año 2017 el PIB supera al que existía antes de la crisis y si miramos el volumen en términos nominales ya está en máximos históricos, tras alcanzar 1,16 billones de euros.

Sin embargo, empiezan a aparecer las primeras señales de agotamiento. En el segundo trimestre del año el PIB ha reducido su ritmo de crecimiento: la economía ha crecido un 2,7% en términos anuales. Se trata de la cifra más reducida desde finales de 2014.

Previsión de crecimiento.

Este año parece que sí se van a cumplir las previsiones de los expertos, que llevan varios meses alertando de una ralentización económica. A la vista de los datos del INE, la desaceleración llegará en 2018, aunque el PIB seguirá avanzando. En lo que queda de década, la actividad se incrementará más de un 2% cada año, según las previsiones de diferentes organismos nacionales e internacionales. A pesar del freno, creceremos por encima de la media del mundo occidental, según el Fondo Monetario Internacional (FMI).

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